La oralidad tiene garantía en el pueblo. Hay que saber escuchar.

jueves, 30 de abril de 2009

PRIMERO DE MAYO

Desplegadas al viento
banderas de bolsas hombreadas,
hombres banderas
mostrando su esfuerzo
en ronda de manos.
Los puños cerrados
abrieron el surco sembrando.
Primero de mayo
multiplica el sueño
de un mundo de hermanos.
Susana Yáñez Latorre.

FELIZ DIA A TODOS LOS TRABAJADORES.

sábado, 18 de abril de 2009

A Cipriano Santiago Vitureira a 102 años de su nacimiento..

Cipriano Vitureira, nació un 19 de abril de 1907 y falleció el 20 de octubre de 1977. Poeta y crítico, Vitureira se recuerda poco, a pesar de haber sido incluido en el nomenclátor de Montevideo cuando se cumplieron los cien años de su nacimiento.
Tiene para mí, el gran significado de haber tratado, en aquellas reuniones irrepetibles el "Las Nubes" de Amorín, a Cándido Portinari, de quien Vitureira escribe un libro que relata la visita del pintor a Montevideo.
Es un tema que me apasiona en la investigación y sin duda alguna un punto de contacto con Vitureira.
Otro punto de unión es su apego a la cultura negra y sobretodo con Nicolás Guillén.
Fue además Director de Bibliotecas Municipales, lo que me lleva también en lo personal a homenajear la fecha de su nacimiento.
Sus obras, "La siega del Musgo", "El libro de Susana", "Océano", "Arte Simple", "Esbozo de historia del arte pictórico en el Uruguay", "El dibujo de Adolfo Pastor" y otros trabajos donde profundiza sobre Antonio Machado, Cecilia Meireles, Manuel Bandeira, hacen de él un polifacético escritor.
Vitureira forma parte de la generación post-modernista, que junto a Basso Maglio, Jesualdo, Juan Cunha, Roberto Ibáñez, Sara de Ibáñez, Ortiz Saralegui entre otros comenzaron su fogueo del año veinticinco al treinta.
Donde quiera que esté, el recuerdo de siempre.

"Yo vivo tu taller, tu hogar y tu taberna.
De la costa de largas y sonrientes heridas
hasta el monte de breves heridas meditadas"
Fragmento de Conversación con mi padre, obrero linotipista.
El Popular, octubre 8 de 1957.p.3

sábado, 11 de abril de 2009

PEDRO EL FLACO. Vaimaca.


"MIRA FRUTOS, TUS SOLDADOS MATANDO AMIGOS."



11 DE ABRIL DE 1831- 11 DE ABRIL DE 2009.

sábado, 4 de abril de 2009

El vendedor de zapatos. Susana Yáñez Latorre


Cualquiera podía pararse en una esquina ofreciendo la venta, incluso de ilusiones, pero zapatos usados era un rubro difícil de trillar.
En cuanto tocaba el timbre de una puerta, la garganta se le apretaba.
Explicar el motivo del llamado era toda una odisea y más problemático aun contestar la pregunta obligada, ¿son de finado?.
¡Que tendría que ver de quien eran los zapatos si el que compraba la mercadería tenía tanta necesidad como él! Bah...pensó, no tanta porque yo uso y vendo estos zapatos, ellos solo los compran pero ganan el peso de otra manera.
Esta forma de vida era incambiada. No había un cobre en la calle, nada.
Con observar como se iba extendiendo la feria del domingo, ya se entendía que la cosa venía de hambre.
Miraban, no sabía aun si por curiosidad o por tanteo, pero les costaba preguntar el precio como si fuera un acto vergonzoso no tener para comprar zapatos nuevos.
El se adelantaba y les decía que se largaran con comodidad... pregunte vecina, no molesta, pero la gente era reacia.
Tenía a la venta un par de zapatos negros con tacones que de seguro se habían usado en los cincuenta. A él le gustaba pasarles el cepillo por la gamuza, acomodar la moña y exponerlos como si en ello residiera su vidriera.
A la lluvia le temía como al maligno.
Apenas comenzaba una garua su apuro se transformaba en urgencia por recoger la mercadería y llenar el bolso y eso sí, adiós venta.
Lo único permitido cuando llovía era recorrer las calles en busca de zapatos.
Para eso los barrios ricos servían más y aunque algunos los vendían por unos pocos pesos igual el negocio resultaba, porque el cuero, el modelo y el estado de la suela era mejor.
En un tiempo había anexado botones a su puesto de venta; tenía de todo tipo y hasta hebillas doradas y pulidas, pero se encariñaba tanto con ellos que se molestaba si alguien que no le gustaba se los llevaba.
La última caja se la compró una mujer interesada en todo. Llevaba los lentes colocados sobre la cabeza y miraba los botones con afecto. Por eso se los vendió.
Ahora tenía como veinte pares de zapatos alineados como soldaditos que como soldaditos también tenían su diferente clase.
Dos carteras de cuero y una de cocodrilo completaban el lote.
¡Zapatos! gritó, ¡zapatos! usados que parecen nuevos y no son de muerto sino de barrios ricos y de marcas caras.
¡Zapatos baratos! gritó.
Entonces volvió a ver a la mujer de los botones. y un escalofrío le recorrió la espalda.
Si me lleva la muestra pensó, ya no volveré a vender zapatos. Sus presentimientos nunca le habían fallado.
La mujer se acercó con el mismo interés de siempre y sonriendo le dijo,- los negros de gamuza y taco, esos que parecen de los años cincuenta, ¿a cuánto?.
Dudó en contestarle. Siempre sabía cuando venían los límites.
Los negros... a cien le dijo con cautela pensando que no los llevaría por caros.
Los compro, respondió la mujer con amabilidad y agregó, son iguales a los de Greta Grabo en "El velo pintado".
Así supo que había que cambiar de ramo.
Cuando se alejaron los zapatos, juntó todo y recorrió la feria.
¿Te vas temprano? le preguntaron varios.
Si, contestó, ya hice la mía.
¿Que tuya? le respondieron, si tus zapatos no valen un carajo.
Sonrió un poquito y se alejó pensando...que sabes vos si nunca conociste a Greta Grabo.
Susana Yáñez Latorre.

martes, 31 de marzo de 2009

EL PERFUME DE DIOS.



Había un olor especial en el aire.
Ninguna de las veces que se había desmayado lo había sentido. Era un aroma dulce pero pesado, igual al que despide un jazminero cuya flor está pasada.
En el patio la luz era difusa y las plantas parecían de un verde fuerte que en realidad no tenían.
Se sentía oprimida por la pena de estar sola y ni siquiera podía contar con los recuerdos porque después del ataque no se acordaba de nada.
Eran seis hermanos y "ella era una santa" pensó pero no recordaba el nombre de ninguna. "Papelito", le decían a la menor, pero no conseguía llegar al nombre.
Era mejor no tratar de acelerar las cosas esforzándose, ya vendrían a la mente de alguna manera.
Ahora por lo menos leía la Biblia y sabía que pronto sobrevendría el gran final, que para ella era el fin del olvido.
Sus nuevos amigos, aparecían cuando la tarde todavía era siesta y se sentaban a conversar de Dios como de un viejo conocido a quien a veces podía tutearse.
Para ella, sola, tener un conocido a mano era importante y no cualquiera, ella conocía a Dios.
Así fue pasando el tiempo, el verde del patio, las tardes de Biblia, la visita pautada de aquellos familiares que según le decían eran los únicos que tenía pero que no vivían en el pueblo y el mate de las cinco que no podía fallar porque era entre amigos.
Dejó de temerle a todo. Hasta dormía con la puerta abierta porque pensaba que nada podía pasarle que no fuera bueno.
Cuando percibió el aroma del aire todo cambió.
Era como si algo le avisara que pronto pasaría un suceso. No sabía de que se trataba pero estaba intranquila.
Apenas se levantaba se asomaba al patio y el olor la embriagaba.
Nadie lo sentía, solo ella. Por eso, cuando llegaron a visitarla para hablar de Dios, se sintió con derecho a decirles,- mis queridos, yo no recuerdo casi nada, pero hay algo que deben saber y que por alguna razón ustedes los con memoria no huelen... yo conozco el perfume de Dios.
Se miraron incrédulos.
-Pobre, dijo Matilde, está trastornada por la viudez; tantos años de estar juntos y con esa historia de amor atrás.
Ahí se calló porque no es bueno ni cristiano murmurar del prójimo.
-En fin, reanudó Ernesto luego de carraspear, ¿cómo es eso del perfume? La Biblia no dice que Dios use perfume, eso es para los muertos.
-Tampoco dice que no lo use, contestó ella.
-Es cierto, dijo Matilde, pero ¿cuál es la marca?
Eso sí era un caso difícil. Ni el Vaticano tenía patentado un aroma.
-Yo creo, dijo Matilde, que debes pensar lo que dices. Dios no huele.
-¿Cómo? contestó ella, debe oler puesto que el contrario huele a azufre. Yo digo que el aroma del pueblo es el perfume de Dios.
Cuando se fueron se sintió confundida. Era tan raro no acordarse de nada, ¿de donde había sacado ella lo del perfume de Dios?, ¿cómo explicar la vida sin recuerdos?
Se dirigió despacio hasta su cuarto y sacó una caja llena de objetos diversos.
Entre ellos, atesorado vaya a saber por qué había una botellita de Avant La Fete.
Seguro, pensó. Ahora lo tengo claro.
Mañana les mostraría el envase y no tendrían más remedio que convencerse.
Dios usaba perfume y el nombre se pronunciaba en francés, ¿porque si no era de Dios, de donde iba a sacar ella ese frasquito?.
Susana YÁÑEZ LATORRE.

domingo, 22 de marzo de 2009

"LAUCHA PRIETO" A ORILLAS DEL CEBOLLATI.

Foto del Laucha mirando a lo lejos, que para él "es cerquita". Foto Archivo Susana Yáñez.
"El Laucha", como conocen quienes quieren conocer a Oscar Prieto, hace a la Charqueda lo mismo que el nombre Gral. Martinez; le da identidad. Una conversación con él son muchas historias, risas desplegadas, acordes de guitarra, canciones entonadas. Iré colocando anécdotas y relevamientos con el Laucha de a poco, de la misma forma que se compone en la guitarra un triste, cuando se siente.
Luego de una mañana de investigación, recorrimos la costa del Cebollatí, hablando de estratigrafía, de las edades que podían leerse en los terraplenes. Nos acompañaba su perro Orestes y había viento.
El Laucha se apoyaba en un palo y con él señalaba. Pasamos bajo la "tumba de Tanaka", y la conversación derivó hacia el folklore. De lleno entramos en los "aparecidos" y la figura de "la llorona". Fue una mañana mágica. El Laucha, Orestes y el relato.
A la noche, comimos un asado en su casa con el negro Caco, "capinchero" de la zona que cada vez que me contaba un tema extraño me decía "usted está toreando al diablo Doña" y así, hicimos fila para comer porque el asado se sirvió en una tabla con un solo tenedor y un solo cuchillo para todos.
El Laucha tenía colgado un palo, lindo y extraño que le había regalado el río y el me lo regaló a mi. Está en mi casa, colgado donde están las cosas que me gusta resaltar porque les tengo afecto.

miércoles, 18 de marzo de 2009

PARA PENSAR.


Biblioteca inglesa después de un bombardeo.
Los debates sobre el rol de las Bibliotecas en la actualidad y en especial sobre la existencia del libro papel en el futuro, me hacen detener en esta foto, que no por histórica carece de prospectiva y repensar que en los peores momentos - descartando si funcionan o no los sistemas - la Biblioteca fue, es y será un lugar de privilegio.